17 julio 2010

Seres flexibles

por Pablo Herreros, somosprimates.com

Cuando un chimpancé topa con un ser humano en la selva, normalmente se asusta mucho, debido a que esta especie ha tenido malas experiencias en situaciones similares en el pasado. Nadie espera que éste llame a sus colegas. Pues esto es precisamente lo que ocurrió, según cuenta en un artículo Joshua Foer, publicado este año en la revista National Geographic.

Ash, joven chimpancé de Monkey World, un centro de rescate de simios del Reino Unido (imagen: usuario de Flickr).

Tras el encuentro, aparecieron uno a uno varios individuos que acabaron por “acampar” en lo alto de los árboles, sobre los investigadores. En un principio, los científicos pensaron que era fantástico poder convivir con ellos durante el tiempo, pero nada más lejos de la realidad. Durante la noche no pararon de aullar, defecar y arrojar ramas sobre las tiendas de campaña, lo que acabó por intimidar al equipo.

Esto pudo ser debido a que esta población de chimpancés que habitan en el Congo, era la primera vez que había visto un ser humano en su vida. Así que aunque de manera general podemos decir que los chimpancés son asustadizos, este grupo no había tenido tiempo para aprender lo peligrosos que podemos llegar a ser. Los primates poseemos gran plasticidad a la hora de responder ante diferentes estímulos.

Muchas veces me interrogan mis amigos sobre cómo es tal especie de primate o cómo es tal otra. Son un tipo de preguntas difíciles de contestar, especialmente en un orden como es el de los primates, cuya característica principal es la flexibilidad. La variabilidad en la conducta que muestran entre diferentes especies o entre distintos individuos de la misma es enorme. Además, debido a su complejidad, hay implicados varios mecanismos que conviene aclarar.

Cuando hablamos de flexibilidad en el comportamiento, nos referimos a la capacidad de modificarlo de una manera adaptativa. La primatóloga Clara Jones, dice que representa algo así como una caja de herramientas que contiene las respuestas potenciales a lo largo del tiempo y del espacio, que permiten adaptarse a entornos físicos y sociales heterogéneos.

Un tema interesante con el que poder ejemplificar esto es el de las estrategias de reproducción. Las personas poseemos un modelo mental según el cual creemos que cada especie debe tener un sistema único, como por ejemplo la poligamia, la monogamia o la poliandria. Pensamos erróneamente que fuera de este modelo son incapaces de reproducirse o simplemente se sienten perdidos. Pero lo cierto es que tanto en primates humanos como no humanos, nos podemos encontrar con cualquiera de estas tácticas.

Estas formas, normalmente responden a unas necesidades del ecosistema, ya sea en el presente o en el pasado. Por ejemplo, los pueblos ganaderos suelen practicar la poligamia debido a las distancias y a un sistema de vida nómada donde es difícil conseguir mujeres, mientras que la familia nuclear, como en la que vivimos nosotros, responde a las necesidades de la industria y la urbanización, asociadas a las exigencias de libertad de movimiento de mano de obra, impuestas por las grandes industrias en el pasado.


Experimento que muestra uno rasgo muy característico en primates: la flexibilidad de su comportamiento: En un primer momento se le proporciona una bandeja que contiene alimento a un sujeto A (izquierda). La particularidad de la bandeja es que está fijada a unos carriles y atada por unas cuerdas. Desde una jaula adyacente, un sujeto B puede tirar de ella y quedarse con toda. El sujeto A cuenta con una palanca que le permite abortar la operación, arrojando toda la comida al suelo si la situación no es de su agrado. Cuando el investigador proporciona la bandeja a A, lo que normalmente ocurre es que B tira de la cuerda y le roba la comida. A se enfada y acciona el mecanismo que deja caer la recompensa al suelo. Por el contrario, cuando desde el inicio, el investigador proporciona la bandeja a B, A se controla y no suele accionarlo. La conclusión es que el sujeto A parece entender la intencionalidad.


Del mismo modo, temas relativos a lo social, como el número de miembros de un grupo, jerarquía, patrones de resolución de conflictos y un sinfín de aspectos más, varían enormemente entre especies y de un individuo a otro, siendo el resultado final una mezcla de genética, experiencia y respuestas ante restricciones del entorno.

Al fin y al cabo, cada manera de entender las relaciones es una tecnología social desarrollada para vencer ciertos obstáculos y sobrevivir lo suficiente como para dejar copias de nuestros genes a la siguiente generación. De hecho, normalmente conviven varias estrategias exitosas a la vez. También sabemos por varios experimentos que casi cualquiera de ellas se puede aprender por observación. Por ejemplo, si introducimos a un individuo de una especie violenta en un grupo de seres delicados, amables y tolerantes, acabará mostrando las formas de éstos últimos.

Una de las principales causas de esta confusión se encuentra en la manera de presentar los datos. Los científicos, hablamos de medias y correlaciones, mientras que omitimos la información relativa a la variabilidad individual, o lo que es lo mismo, lo que hacen otros y que no está en los límites del promedio. Además, la selección natural nunca favoreció la mejor estrategia, simplemente premió a una o varias lo suficientemente eficaces como para haber pervivido hasta ahora en el tiempo y a lo largo de la evolución. Esto es debido, entre otras causas, a que a pesar de que las fuentes de la flexibilidad de los primates pueden ser causadas por cambios en la manifestación genética, la mayor parte proviene de la otros procesos como son la observación, la imitación, el ensayo, la asociación, etc.

Así que la pregunta más útil debería ser planteada en términos similares a: ¿de cuántas cosas somos capaces los primates? De esta manera es posible mostrar el abanico total de tácticas y técnicas que los simios podemos llegar a desplegar. Siempre hay varias soluciones posibles para cada problema. La mala noticia es que nunca estará claro lo que somos. La buena es que el misterio está en lo que podemos llegar a ser.

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