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02 enero 2012

Impactantes Fotos de Cómo el Mundo vio el 2011

Nuestro mundo cambió significativamente durante el año 2011, tanto su percepción política, sus perspectivas económicas y su visión ambiental. Vimos el desarrollo de la Primavera Árabe, el colapso de los mercados internacionales, el mundo azotado por desastres naturales, las personas viviendo nuevas perspectivas de vida, entre otros. Estos eventos y muchos más se presentan aquí a través de algunas impactantes fotografías.

Fotografía: Erick de Castro / AP
Danica Camacho fue declarada simbólicamente por las Naciones Unidas como el bebe número 7 mil millones. Nació el 31 de Octubre del 2011 en Manila, Filipinas. Según The World Fact Book de la NASA, Filipinas se ubica en el puesto 12 entre los países más poblados de la Tierra con 101,8 millones de personas, mientras que China (1336,7 millones), India (1189,2 millones) y Estados Unidos (313,2 millones) son los países más poblados del planeta.


Fotografía: Save The Children
Los países más pobres tienen el crecimiento poblacional más alto del planeta. Entre los 40 países con las tasas de fertilidad más altas, 38 son africanos, incluyendo a Kenia. Las sequías del 2011 que azotaron el este de África, las peores en 60 años, afectaron a más de 12 millones de personas. Esta fotografía convirtió a Umi, un bebe keniano de 3 meses de edad, en un símbolo de la difícil situación que sufren los países africanos.


Fotografía: China Daily / Reuters
Varias especies de flora y fauna están amenazadas por la extinción debido a las presiones humanas que incluyen la destrucción de los hábitats, la cacería y matanza indiscriminada, las especies introducidas, la contaminación, algunas cambios climáticos, entre otros. El Panda Gigante es una especie en peligro de extinción que es uno de los símbolos más carismáticos del movimiento conservacionista. En esta foto, investigadores vestidos como pandas preparan a un bebe panda para llevarlo a su nuevo hogar en el Centro de Investigación y Conservación del Panda Gigante de Hetaoping en Sichuan, China. Los científicos se disfrazan de pandas para asegurarse que el cachorro de seis meses de edad no tenga influencias humanas.



Fotografía: Tony Karumba / AFP / Getty Images
Pese a las regulaciones internacionales, la matanza de elefantes por sus colmillos de marfil continúa. Una pila de colmillos de elefantes asesinados ilegalmente es incinerada en el Parque Nacional Tsavo, Kenia.


Fotografía: Ilya Naymushin / Reuters
Iris, una Tigre de Amur, lame a su bebe de 7 semanas de edad en uno de los primeros recorridos que hicieron en su jaula al aire libre en el zoológico Royev Ruchey de Krasnoyarsk, Rusia. El Tigre de Amur es una especie en peligro de extinción debido a la caza furtiva y su población total es de apenas 500 individuos.



Una hembra de Macaco Negro Crestado, especie en peligro crítico de extinción, se tomó varias fotos cuando encontró la cámara de un fotógrafo de naturaleza. Fascinada por su reflejo en el lente de la cámara, esta mona se tomó varias fotografías mientras jugaba con la cámara.

10 agosto 2010

Matrimonio entre gente rara

Reflexiva nota publicada originalmente en Radar/Página12

Estoy completamente a favor de permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo.

El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos. Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la Iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por “el qué dirán” o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma no es más que una manera un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente sobre el que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: también estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.

Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo “¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!”.

Veo ese tipo de críticas y respondo: si bien es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.

Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.

Este apoyo al matrimonio entre católicos circula por Internet y gana adhesiones que se cuentan de a cientos.