23 noviembre 2009

15 Respuestas al Sin-sentido Creacionista por John Rennie

Los oponentes a la evolución quieren hacer lugar al creacionismo al despedazar a la ciencia verdadera, pero sus argumentos no se sostienen por sí mismos.


Artículo de John Rennie, Editor en Jefe de Scientific American, publicado en Inglés en la revista Scientific American de Julio 2002 (descargar AQUÍ la versión en Inglés). Traducción al Castellano basada en dos contribuciones en línea: 15 respuestas a las Estupideces Creacionistas y 15 respuestas al sin-sentido creacionista



Cuando Charles Darwin introdujo la teoría de la evolución por selección natural 143 años atrás, los científicos de entonces la rebatieron furiosamente, pero la masiva evidencia de la paleontología, genética, zoología, biología molecular y otros campos gradualmente establecieron la evolución más allá de la duda razonable. Hoy esa batalla ha sido ganada en todos los campos –excepto en el de la imaginación.

Vergonzosamente, en el siglo 21, en la nación más avanzada científicamente que el mundo haya conocido, los creacionistas todavía pueden persuadir a los políticos, jueces y ciudadanos ordinarios de que la evolución es una fantasía con errores y pobre sustentación. Propugnan ideas creacionistas como el “diseño inteligente” para ser enseñado como alternativa a la evolución en los salones de clase. En tanto este artículo va a la imprenta, el Consejo Educativo de Ohio esta debatiendo si eso debe o no psar. Algunos antievolucionistas, como Philip E. Johnson, un profesro de leyes en la Universidad de de California en Berkeley y autor de “Darwin a juicio”, admite que sus intenciones son que la teoría del diseño inteligente sirve como “señuelo” para reabrir las clases de ciencia a las discusiones sobre dios.

Los profesores y otros asediados se pueden hallar cada vez más en el punto de defender la evolución y refutar el creacionismo. Los argumentos que los creacionistas usan son típicamente especiosos y basados en malentenddidos (o simples mentiras) sobre la evolución, pero número y la diversidad de las objeciones pueden poner incluso a personas bien informadas en desventaja.

Para ayudar a contestarlas, la siguiente lista refuta los más comunes argumentos “científicos” levantados en contra de la evolución. También dirige a los lectores a las fuentes de la información y explica porque la ciencia creacionista no tiene por que estar en los salones de clase.


1. La evolución es solo una teoría. No es un hecho o una ley científica.
Mucha gente aprende en la escuela que una teoría esta en el medio de la jerarquía de certidumbre –un poco más arriba de una hipótesis pero debajo de una ley. Sin embargo, los científicos no utilizan los términos de ese manera. De acuerdo a la Academia Nacional de Ciencias (NAS), una teoría científica es “una explicación bien substanciada de algún aspecto del mundo natural que puede incorporar hechos, leyes, inferencias, e hipótesis probadas.” Ningún cantidad de validación cambia una teoría en ley, que es una generalización descriptiva de la naturaleza. Así que cuando los científicos hablan sobre la teoría de la evolución –o la teoría atómica o la teoría de la relatividad, según sea el caso –no expresan reservas acerca de su verdad.
A esto se añade que la teoría de la evolución, es decir la idea de la descendencia con modificación, uno también puede hablar del hecho de la evolución. La NAS define a un hecho como “una observación que se ha confirmado repetidamente y para todos los propósitos prácticos es una `verdad´ aceptada.” El registro fósil y las otras abundantes evidencias testifican que los organismos han evolucionado a través del tiempo. Aunque nadie ha observado directamente esas transformaciones, la evidencia indirecta es clara, sin ambigüedad y aplastante.
Todas las ciencias frecuentemente se apoyan en evidencia indirecta. Los físicos no pueden ver las partículas subatómicas directamente, por ejemplo, así que verifican su existencia al mirar espectros los rastros que las partículas dejan en las camaras de aceleración. La ausencia de observación directa no hace que las conclusiones de los físicos seán menos certeras.

2. La selección esta basada en un razonamiento circular: los más aptos son los que sobreviven, y aquellos que sobreviven son considerados aptos.
“Sobrevivencia de los más aptos” es una forma coloquial de describir la selección natural, pero una descripción más técnica habla de tazas diferenciales de sobrevivencia y reproducción. Esto es, en lugar de etiquetar a las especies de más o menos aptas, uno puede describir cuanta descendencia puede dejar bajo determinadas circunstancias. Dejemonos una pareja de pinzones de pico corto de rápida procreacióon y una pareja de pinzones de pico largo de lenta procreación en una isla llena de alimento. Dentro de unas pocas generaciones los de rápida pocreación pueden controlar la mayor parte de los recursos alimenticios. Aunque si los picos largos rompen más fácilmente las semillas, la ventaja puede ser de los de lenta reproducción. En un estudio pionero de los pinzones de las Islas Galápagos, PeterR. Grant de la Universidad de Princeton observo esta clase de giros poblacionales en el mundo salvaje (ver el artítuclo “Natural Selection y Darwin´s Finches”; Scientific American, Octubre 1991).
La clave es que la ventaja adaptativa puede ser definida sin referencia a la sobrevivencia: los picos largos están mejor adaptados para romper semillar, aparte de que si este rasgo tiene valor de sobrevivencia dadas las circunstancias.




3. La evolución anti-científica, porque no es comprobable o falseable. Hace afirmaciones sobre eventos que no fueron observados y nunca podrán ser recreados.
Esta palida refutación de la evolución ignora importantes distinciones que dividen este campo en al menos dos grandes áreas: microevolución y macroevolución. La microevolución mira los cambios dentro de las especies en el tiempo –cambios que pueden preceder a la especiación, el origen de nuevas especies. Macroevolución estudia como grupos taxonómicos por sobre el nivel de las especies cambia. Su evidencia surge frecuentemente del registro fósil y comparaciones de ADN para reconstruir como varios organismos pueden estar relacionados.
Actualmente incluso la mayoría de creacionistas que la microevolución es respaldada por los pruevas en el laboratior (como estudios en células, plantas y moscas de la fruta) y en el campo (como en los estudios de Grant de la evolución de la forma de los picos entre los pinzones de Galápagos). La selección natural y otros mecanismos –como los cambios cromosómicos, simbiosis e hibridización—pueden llevar a cambios más profundos en la población con el tiempo.
La naturaleza histórica del estudio macroevolucionario involucra la inferencia de fósiles y ADN en lugar de observación directa. Aunque en las ciencias históricas (que incluyen astronomía, geología y arqueología, como biología evolucionista), las hipótesis pueden probarse al ver si están o no de acuerdo con la evidencia física y si estan lleván o no a predicciones verificables sobre descubrimientos futuros. Por ejemplo, la evolución implica que entre los ancestros más antiguos conocidos de los humanos (aproximadamente cinco millones de años de antigüedad) y la apariencia anatómica de los humanos modernos (cerca de 100.000 años atrás), se debe halla un sucesión de criaturas hominídas con rasgos progresivamente menos simiescos y más modernos, lo que es ciertamente lo que el registro fósil muestra. Pero no se podría –y no ha sido así –hallar humanos modernos fosilizados en estratod del período jurásico (65 millones de años atrás). La biología de la evolución constantemente hace predicciones más refinadas y precisas que estas, y los investigadores las prueban constantemente.
La evolución podría ser descartada de otras formas, también. Si podemos documentar la generación espontánea de una forma compleja de vida de la materia inanimada, entonces al menos unas pocas criaturas en el registro fósil deberían haberse originado de este modo. Si extraterrestres superinteligentes aparecieran y se adjudicarán el crédito por crear la vida en la tierra (o de unas cuantas especies), la explicación puramente evolucionista se pondría en duda. Pero nadie ha hallado semejante evidencia.
Debe anotarse que la idea de la falseabilidad como la característica definitoria de la ciencia es original del filósofo Karl Popper en los años 1930. Mas recientes elaboraciones en su pensamiento han expandido la interpretación estrecha de este principio precisamente porque eliminaría demasiadas ramas de esfuerzo claramente científico*.
*Es importante saber que las ideas de Karl Popper acerca de la ciencia no son universalmente aceptadas, y tienen mayor influencias en países de tradición anglosajona en tanto en otras zonas del mundo el concepto de falseabilidad no es tomado en cuenta al definir que es o no una teoría científica. (Nota del traductor)

4. Cada vez más científicos dudan de la verda de la evolución.
No hay evidencia de que la evolución este perdiendo adherentes. Tomen cualquier número de alguna revista especializada en biología, y hallarás artículos que apoyan y extienden los estudios evolucionistas o que aceptan a la evolución como un concepto fundamental.
Inversamente, no existen serias publicaciones científicas que disputen a la evolución. A mediados de los 90´s George W. Gilchrist de la Universidad de Washington revisó miles de publicaciones de literatura primaria, buscando artículos sobre diseño inteligente o ciencia creacionista. Entre estos cientos de miles de reportes científicos, no halló ninguno. En los últimos dos años, revisiones hechas independientemente por Barbara Forrest de la Universidad del Sudeste de Lousiana y Lawrence M. Krauss de la Universidad Case Western Reserve han sido igualmente infructuosos.
Los creacionistas reclaman que un comunidad científica de mente cerrada rechaza su evidencia. Aún así de acuerdo a los editores de Nature, Science y otras prestigiosas publicaciones, unos pocos escritos anti-evolución son remitidos de vez en cuando. Algunos autores anti-evolucionistas han publicado artículos en publicaciones serias. Esos artículos, sin embargo, raramente atacan a la evolución directamente o muestran avances en los argumentos creacionistas; en el mejor de los casos, estos identifican ciertos problemas de la evolución como algo no resuelto y díficil (que nadie disputa). Para acortar, los creacionistas no están dando al mundo científico una buena razón para tomarlos seriamente.

5. Los desacuerdos entre biologos evolucionistas demuestras cuán poca ciencia sólida apoya a la evolución.
Los biologos evolucionistas apasionadamente debaten sobre diversos tópicos: de cómo ocurre la especiación, las tazas de cambio evolucionario, las relaciones ancestrales de pájaros y dinosaurios, de si los Neandertals erán o no una especie aparte de los humanos modernos, y muchos más. Estas disputas son iguales a las que se encuentran en todas las otras ramas de la ciencia. La aceptación de la evolución como una ocurrencia factual y un principio guía es sin embargo universal en la biología.
Desafortunadamente, creacionistas deshonestos han mostrado su intención de tomar comentarios de científicos fuera de su contexto para exagerar y distorsionar los desacuerdos. Cualquier en conocimiento de los trabajos del paleontologista Stephen Jay Gould de la Universidad de Harvard sabe que en además de ser el co-autor del model del punto-equilibrio, Gould fue uno de los más elocuentes defensores y articuladores de la evolución. (Punto-equilibrio explica los patrones en el registro fósil al que sugerir que la mayoría de los cambios en la evolución ocurren en intervalos geológicos breves – que pueden no obstante remontarse a cientos de generaciones.) Sin embargo los creacionistas gustan de diseccionar frases de la voluminosa prosa de Gould para hacerlo sonar como si él alguna vez hubiese dudado de la evolución, y presentan al punto-equilibrio como algo que permite a las nuevas especies materializarse de un día para el otroa o a las aves nacer de huevos de reptiles.
Cuando se vea confrontado con una cita de una autoridad científica que parece cuestionar la evolución, pida en ver la frase en su contexto. Casi invariablemente, el ataque a la evolución probará ser un ilusión.




6. ¿Si los humanos descendieron de los monos, porqué todavía hay monos?
Es argumento sorpresivamente común refleja un buen nivel de ignorancia sobre la evolución. El primer error es que la evolución no enseña que los humanos descienden del mono; afirma que ambos tienen un ancestro común.
El más profundo error es que esta objeción es equivalente a preguntar, “¿si los niños descienden de los adultos, porqué hay todavía adultos?” Las nuevas especies evolucionan al separarse de las ya existentes, cuando poblaciones u organismo se ven aislados de la rama principal de su familia y adquieren diferencias suficientes como para ser diferentes de ahí en adelante. La especie ancestral puede sobrevivir indefinidamente, o puede extinguirse.

7. La evolución no puede explicar como apareció la vida en la tierra.
Los orígenes de la vida no están del todo explicados, pero los bioquímicos han entendido como los primitivos acidos nucleicos, aminoácidos y otros bloques constituyentes de la vida se pueden formar y organizar en unidades auto-replicantes, auto-sustentables, dando fundamente a la bioquímica celular. Los análisis astroquímicos apuntan a que cantidades de esos componente pueden haberse originado en el espacio o haber caído a la tierra en cometas, escenario que podría resolver el problema de cómo estos constituyentes surgieron bajo las condiciones que prevalecieron cuando nuestro planeta era joven.
Los creacionistas algunas veces tratan de invalidad a toda la evolución al señalar la actual incapacidad de la ciencia para explicar el origen de la vida. Pero incluso si la vida en la tierra resultará que tuvo un origen no-evolucionista (por ejemplo, si extraterrestres introdujeron las primeras células miles millones de años atrás), la evolución desde entonces se vería robustamente confirmada por estudios macro y microevolucionarios*.
* Para ver las teorías básicas que explican científicamente el origen de la vida ver los escrito de Oparin y de Haldane. (Nota del traductor)

8. Matemáticamene, es inconcebible que ninguna cosa tan compleja como una proteína, menos aún una célula viva o un humano, pudiera surgir por casualidad.
La casualidad tiene su lugar en la evolución (por ejemplo, en las mutaciones al azar que pueden dar lugar a nuevos rasgos), pero la evolución no depende de la casualidad para crear organismos, proteínas u otras entidades. Más bien lo contrario: la selección natural, el principal mecanismo conocido de la evolución, evitar jugar al azar al preservar los rasgos “deseables” (adaptativos) y eliminar los “indeseables” (no-adaptativos). En tanto las fuerzas de la selección permanezcan constantes, la selección natural puede empujar a la evolución en una dirección u otra y producir estructuras sofisticadas en tiempos sorpredentemente cortos.
Como analogía, considerese la secuencia de 11 letras “SERONOSER.” Un grupo hipotético de un millón de monos, cada uno tipeando una frase por segundo, les tomaría algo así como 78.000 años encontrar a este entre las 22 a la 11 potencia secuencias de ese tamaño. Pero en 1980 Richard Hardison de la Universidad de Glendale escribió un programa de computadora que generaba frases al azar en tanto preservaba las posición de las letras individuales que habián estado ubicadas correctamente (en efecto, seleccionando frases de Hamlet). En promedio, el programa recreo la frase en 336 iteraciones, en menos de 90 segundos. Aún más asombroso, pudo reconstruir la obra completa de Shakespeare en cuatro días y medio.

9. La Segunda Ley de la Termodinámica dice que los sistemas deben volverse más caóticos con el tiempo.  La células vivientes por lo tanto no podrían haber evolucionado de químicos inanimados, y la vida multicelular no podría haber evolucionado de los protozooarios.
Este argumento deriva de una falta de entendimiento de la Segunda Ley. Si tal fuera válido, los cristales minerales y copos de nieve no serían posibles, por que estos, también son estructuras complejas que se forman espontáneamente de partes desordenadas.
La Segunda Ley en realidad afirma que la entropía total de un sistema cerrado (uno que no permite que la energía entre o salga) no puede decrecer. La entropía es un concepto físico frecuentemente descrito como desorden, pero difiere significamente del uso conversacional de la palabra.
Más importante, sin embargo, la Segunda Ley permite a las partes de un sistema disminuir en entropía en tanto otras partes presentan un aumento. Así, nuestro planeta como un todo puede volverse más complejo porque el sol deposita luz y calor en este, y la mayor entropía asociada con la fusión nuclear del sol balancea la escala. Los organismos simples pueden surgir hasta la complejidad al consumir otras formas de vida y materiales novivientes.

10. Las mutaciones son esenciales para la evolución, pero las mutaciones solo pueden eliminar rasgos. Estas no pueden producir nuevos rasgos.
Por el contrario, la biología ha catalogado muchos rasgos producidos por mutaciones puntuales (cambios en posiciones precisas del ADN de un organismo) –resistencia bacteriana a los antibióticos, por ejemplo.
Las mutaciones que surgen en la familia homeobox (HOX) de genes reguladores del desarrollo animal pueden también tener efectos complejos. Los genes Hox dirigen donde las piernas, alas, antenas y segmentos corporales deben crecer. En moscas de la fruta, por ejemplo, la mutación llamada Antennapedia causa que las piernas crezcan en donde deberían aparecer las antenas. Estos miembros anormales no son funcionales, pero su existencia demuestra que errores genéticos pueden producir estructuras complejas, que la selección natural pueden probar para usos posibles.
Además, la biología molecular ha descubierto mecanismos para el cambio genético que van más allá de las mutaciones, y estos expanden las vías por las que nuevos rasgos pueden surgir. Los módulos funcionales dentro de los genes pueden ser conjugados de maneras novedosas. Genes enteros pueden duplicarse accidentalmente en el ADN de un organismo, y los duplicados son libres de mutar en genes para nuevas y complejas características. Comparaciones del ADN de una amplia variedad de organismos indican que este el modo en que la familia globina de las proteínas sanguíneas evolucionó a los largo de millones de años.

11. La selección natural puede explicar la microevolución, pero no puede explicar el origen de nuevas especies y órdenes de vida superior.
Los biologos evolucionistas han escrito extensamente sobre como la selección natural puede producir nuevas especies. Por ejemplo, en el modelo llamado allopatria, desarrollado por Erns Mayr de la Universidad de Harvard, si una población de organismos estuviera aislada del resto de su especie por límites geográficos, podría estar sujeta a diferentes presiones selectivas. Los cambios se podrían acumular en la población aislada. Si estos cambios se vuelven tan significativos para que el grupo escindido no pudiese procrear más con la cepa original, entonces el grupo escindido estaría aislado reproductivamente y en vías de convertirse en una nueva especie.
La selección natural es el mejor estudiado de los mecanismos de la evolución, pero los biologos están abiertos a otras posibilidades. Los biologos constantemente evaluan el potencial de mecanismos genéticos inusuales para causar la especiación o para producir rasgos complejos en organismos. Lynn Margulis de la Universidad de Massachusetts en Amherst y otros han argumentado convincentemente que algunos organelos celulares, como el generador de energía la mitocondría, evolucionó por medio de ls fusión simbiótica de organismo antigüos. De ese modo, la ciencia da la bienvenida a la posibilidad de la evolución resultante de fuerzas más allá de la selección natural. Aunque estas fuerzas son naturales; no pueden ser atribuidas a las acciones de inteligencia misteriosas creativas cuya existencia, en términos científicos, no está probada.

12. Nadie ha visto a una nueva especie evolucionar.
La especiación probablemente es rara y en muchos caso puede tomar siglos. Además, reconocer a una nueva especie durante una etapa formativa puede ser díficil, porque los biologos en algunos momentos están en desacuerdo sobre como es mejor definir a una especie. La definición más ampliamente usada, Concepto de Especie Biológica de Mayr, reconoce como especie a una comunidad distinta de poblaciones reproductivamente aisladas –grupos de organismos que normalmente no procrean o no pueden procrear fuera de su comunidad. En la práctica, esta regla puede ser díficil de aplicar a organismo aislados por la distancia o terreno o a las plantas (y, por supuesto, los fósiles no procrean). Los biologos por lo tanto usualmente usan los rasgos físicos y conductuales como pistas para membresía como especie.
Sin embargo, la literatura científica contiene reportes de supuestos eventos de especiación en plantas, insectos y gusanos. En la mayoría de estos experimentos, los investigadores sometieron a los organismos a varios tipos de selección –por diferencias anatómicas, compotamientos, preferencias de hábitar y otras características –y hallaron que habían creado poblaciones de organismos que no procreaban con extraños. Por ejemplo, William R. Rice de la Universidad de Nuevo México y George W. Salt de la Universidad de California en Davis demostraron que si agrupaban a un grupo de moscas de la fruta por su preferencia por ciertos ambientes y procreaban a esas moscas separadamente por cerca de 35 generaciones, las moscas resultantes se negarían a procrear con aquellos de un ambiente diferente.

13. Los evolucionistas no pueden señalar a ningún fósil transicional –criaturas que sean mitad reptil y mitad ave, por ejemplo.
En realidad, los paleontólogos conocen muchos ejemplos detallados de fósiles con una forma intermedia entre varios grupos taxonómicos. Uno de los fósiles más famosos de todos los tiempos es el Archeopteryx, que combina las plumas y estructuras esqueléticas peculiares de las aves con rasgos de los dinosaurios. Existen gran cantidad de especies fósiles emplumadas, algunas más aviares y otras menos, que han sido hallados. Una secuencia de fósiles nos deja ver la evolución de los caballos modernos desde el pequeño Eohippus. La ballenas tenían ancestros de cuatro patas que caminaban en la tierra, y criaturas conocidas como Ambulocetus y Rodhocetus ayudan a hacer la transición (ver “Los mamíferos que conquistaron el oceano”, por Kate Wong; Scientific American, Mayo). Conchas de mar fósiles dejan el rastro de la evolución de varios moluscos a través de millones de años. Quizás 20 o más homínidos (no todos ellos nuestros ancestros) llegan el vacío entre Lucy la australopiteco y los humanos modernos.
Los creacionistas, aunque, descartan estos estudios fósiles. Argumentan que el Archeopteryx no es un eslabón pérdido entre reptiles y aves –es solo un ave extinta con rasgos reptilianos. Ellos quieren que los evolucionistas produzcan un monstruo raro y quimerico que no puede ser clasificado como perteneciente a ningún grupo conocido. Incluso si un creacionista acepta a un fósil como transicional entre dos especies, puede entonces insistir en ver otros fósiles intermedios entre este y los primeros dos. Estas fustrantes peticiones pueden proceder al infinito y dar lugar al prejuicio irracional de un régistro fósil siempre incompleto.
Sin embargo, los evolucionistas pueden citar evidencia adicional en su apoyo de la biología molecular. Todos los organismos comparten la mayoría de los mismos genes, pero como la evolución predice, las estructuras de estos genes y sus productos divergen entre las especies, al mantener su relación evolucionaria. Los genetistas hablan de “reloj molecular” que graba el pasó del tiempo. Estos datos moleculares también muestran como varios organismos son transicionales dentro de la evolución.

14. Las cosas vivientes tienen características fantásticamente intríncadas –al nivel anatómico, celular y molecular –que no podrían funcionar si fueran menos complejas o sofisticada. La única conclusión prudente es que son los productos del diseño inteligente, no de la evolución.
Este “argumento del diseño” es la piedra fundamental de uno de los más recientes ataques a la evolución, pero también es uno de los mas viejos. En 1802 el teólogo William Paley escribió que si se hallá una caja de fósforos en el campo, la conclusión más razonable es que alguién la votó ahí, y no que las fuerzas naturales la crearon. Por analogía, Paley argumento, que la compleja estructura de las cosas vivientes debe ser el trabajo artesanal de la intervención divina directa. Darwin escribió “El origen de las especies” como respuesta a Paley: explicó como las fuerzas naturales de la selección, pueden actuar sobre rasgos heredados, pudiendo gradualmente modelar la evolución de estructuras orgánicas.
Generaciones de creacionistas han tratado de contrarrestar a Darwin al citar el ejemplo del ojo como la estructura que no podía haber evolucionado. La habilidad del ojo para proveer la visión depende del perfecto ordenamiento de sus partes, dicen los críticos. La selección natural nunca podría haber favorecido las formas transicionales necesarias durante la evolución del jo -¿de que sirve medio ojo? Anticipandosé a esta crítica, Darwin sugirió que incluso ojos “incompletos” pueden conferir beneficios (como el ayudar a las criaturas a orientarse hacia la luz) y de ahí sobrevivir por refinamiento evolucionario adicional. La biología ha vengado a Darwin: los investigadores han investigado los ojos primitivos y órganos sensibles a la luz por todo el reino animal y han rastreado la historia evolucionaria de los ojos por medio de genética comparativa. (Ahora parece que en varias familias de organismos, los ojos han evolucionado independientemente.)
Hoy los defensores del diseño inteligente son más sofisticados que sus predecesores, pero sus argumentos y metas no son fundamentalmente diferentes. Crítican la evolución al tratar de demostrar que no podría llevar a la vida como la conocemos e insisten que la única alternativa posible es que la vida fue diseñada por una inteligencia no identificada.




15. Recientes descubrimientos prueban que incluso a nivel microscópico, la vida tiene un nivel cualitativo de complejidad que nunca podría haberse logrado por medio de la evolución.
“Complejidad irreducible” es el grito de batalla de Michael J. Behe de la Universidad de Lehigh, autor de La caja negra de Darwin: El reto bioquímica a la evolución. Como un ejemplo títpico de la irreducible complejidad, Behe muestra una ratonera –una máquina que no podría funcionar si alguna de sus piezas faltara y cuyas piezas no tienen valor excepto como partes del todo. Los que es cierto para la ratonera, dice, es aún más cierto para el flagelo bacteriano, un organelo celular en forma de cola usado para la propulsión que opera como un motor fuera de borda. Las proteínas que componen el flagelo están organizadas impecablemente en componentes motores, un conjunto universal y otras estructuras similares a las que un ingeniero pudiera específicar. La posibilidad de que este intrincado orden pudiera haber surgido por modificación evolucionistas es virtualmente nulo, argumenta Behe, y que eso fundamente el diseño inteligente. Hace señalamientos similares sobre el mecanismo de coagulación sanguínea y otros sistemas moleculares.
Sin embargo los biologos evolucionistas han respondido a estas objeciones. Primero, existen flagelos con formas más simples que la que cita Behe, así que no es necesario que todos esos componentes esten presentes para que el flagelo funcione. Los sofisticados componentes de este flagelo tienen todos y cada uno sus precedentes en la naturaleza, como lo describe Kenneth R. Miller de la Universidad de Brown y otros. De hecho, el ensamblaje entero del flagelo es extremadamente similar a un organelo que la Yersinia pestis, la bactería de la peste bubónica, usa para inyectar toxinas en las células.
La clave está en que los componentes estructurales del flagelo, que Behe sugiere que no tienen rol aparte de su rol en la propulsión, pueden servir a múltiples funciones que podrían haber ayudado en su evolución. La evolución final del flagelo podría haber involucrado solo la combinación novedosa de partes sofisticadas que inicialmente evolucionaron para otros propósitos. Igualmente, el sistema de coagulación sanguínea para involucrar la modificación y elaboración de proteínas que originalmente fueron usadas en la digestión, de acuerdo a los estudios de Russell F. Doolittle de la de Universidad de California en San Diego. Así que esa complejidad que Behe dice que es prueba de diseño inteligente no es irreducible, en absoluto.
La complejidad de un diferente tipo –“complejidad específica” –es la piedra de toque de los argumentos del diseño inteligente de William A. Dembski de la Universidad Baylor en sus libros La inferencia del diseño y No hay comida gratis. Esencialmente su argumento es que las cosas vivientes son complejas de un modo que procesos no dirigidos, al azar no podrían producir. La única conclusión lógica, afirma Dembski, en un eco del Paley de hace 200 años, es que alguna inteligencia superhumana creó y moldeó la vida.
El argumento de Dembski contiene numerosos vacíos. Es incorrecto insinuar que el campo de explicación consiste solo de procesos al azar o diseños inteligentes. Los investigados en sistemas nolineares y automatas célulares del Instituto Santa Fe y en otros lugares han demostrado que procesos simples, no dirigidos pueden producir patrones extraordinariamente complejos. Algo de la complejidad que vemos en los organismo puede por lo tanto surgir por medio de fenómenos naturales que aún no comprendemos del todo. Pero eso es muy diferente que decir que la complejidad no podría surgir naturalmente.

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“Ciencia creacionista” es una contradicción en términos. Un núcleo central de la ciencia modera es el naturalismo metodológico –busca explicar el universo puramente en términos de mecanismos observables y probables. Así, la física describe el núcleo atómico con conceptos específicos que gobiernan a la materia y energía, y prueba esas descripciones experimentalmente. Los físicos introducen nuevas partículas, como quarks, para refrescar sus teorías solo cuandos los datos muestran que las descripciones previas no podían adecuarse a explicar fenómenos observados. Las nuevas partículas no tienen partículas arbitratias, además –sus definiciones están estrechamente restringidas, porque las nuevas partículas deben ajustarse dentro del campo de trabajo existente de la física.
En contraste, los teóricos del diseño inteligente invocan entidades misteriosas que convenientemente tienen habilidades ilimitadas que sirven para resolver los misterios del momento. En lugar de expandir la investigación científica, tales respuestas la detienen. (¿Cómo se comprueba la existencia de inteligencias omnipotentes?)
El diseño inteligente ofrece pocas respuestas.Por ejemplo, ¿Cuándo y comó le hizo una inteligencia diseñadora para intervenir en la historia de la vida? ¿Al crear el primer ADN? ¿la primera célula? ¿el primer humano? ¿son todas las especies diseñadas, o solo unas pocas? Proponentes de la teoría del diseño inteligente frecuentemente declinan a confrontar en estos puntos. Ni siquiera hacen intentos serios de reconciliar sus ideas disparatadas sobre el diseño inteligente. En lugar de eso persiguen el argumento por exclusión –esto es, minimizan las explicaciones evolucionistas como poco detalladas o incompletas y entonces implican que solo las alternativas de basadas en diseño quedan.
Lógicamente, esto es un confusión: incluso si una explicación naturalista es débil, esto no implica que todas lo son. Además, no hace a la teoría del diseño inteligente más razonable que otra. Los lectores deben en lo esencial llenar los vacíos por sí mismo, y algunos indudablemente lo harán al sustituir sus creencias religiosas por ideas científicas.
Una y otra vez, la ciencia ha mostrado que la metodología del naturalismo puede hacer retroceder a la ignorancia, hallando respuestas cada vez más detalladas e informativas a los misterios que alguna vez parecieron impenetrables: la naturaleza de la luz, las causas de la enfermedad, como funciona el cerebro. La evolución esta haciendo lo mismo como el acertijo de cómo tomo forma el mundo viviente. El creacionismo, bajo cualquier nombre, no aporta nada de valía intelectual a este esfuerzo.

Artículo de John Rennie, Editor en Jefe de Scientific American, publicado en Inglés en la revista Scientific American de Julio 2002 (descargar AQUÍ la versión en Inglés). Traducción al Castellano basada en dos contribuciones en línea: 15 respuestas a las Estupideces Creacionistas y 15 respuestas al sin-sentido creacionista


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